Un ranchito en la cocina

I

Nadie me entrevistó en su cocina cerca de las 400 voces. Recibir su mensaje me causó extrañeza porque los últimos intercambios que habíamos tenido hace algunos años no fueron muy amistosos, pero, por otro lado me emocionaba su invitación para hablar sobre el rancho, ese singular lugar que habité durante varios años, su propuesta me llenaba el corazón de alegría.

Nos quedamos de ver en la chocolatería, yo llegué diez minutos antes, me senté y pedí una bebida de cacao con arroz y unas galletas. Al poco tiempo nadie llegó, se veía diferente de aquel con quien compartí pensares antes de mi salida del rancho, pero el timbre de su voz le identificaba como la persona que conocía.

Mientras terminaba mi chilate, me platicó que continuó en el rancho, que gozó, sufrió, compartió y cambió en el rancho. Ahora, él mismo, es diferente, eso me alegró.

Fuimos a su casa, instaló en su cocina el equipo de grabación y comenzó la charla, un ejercicio de memoria en el que sacamos a personas, máquinas, discursos y lugares del olvido. No me importó la corrección, la coherencia ni el orden y dejé que el corazón guiara mis palabras.

Así, en esa cocina fronteriza, entre un micrófono, un pulque curado, una laptop con Audacity, una cerveza, un cuaderno, sentires y pensares, construimos un pequeño rancho. Y no me refiero a reconstruir con recuerdos el espacio que compartimos en el pasado, sino que en ese momento convertimos su cocina en un hacklab real, un pequeñísimo laboratorio hacker que tan solo duró un par de horas, pero que se sentía igual de cálido, amistoso, tierno y divertido.

Días después, nadie me mandó el audio, lo escuché y no pude evitar sentir extrañeza al oir mi propia voz, y más cuando hablaba mientras estaba en un especie de trance, pero el resultado me gustó.

También escuché las otras entrevistas de la serie, tan diversas como los muchos ranchos que han existido a lo largo de los años y tan diferentes como sus personas, quienes le han dado vida en momentos distintos. Pero a pesar de lo diverso, y de los conflictos que son abordados en los testimonios, en algún momento todas las voces hablan de cosas lindas del rancho y, mientras lo hacen, todas transmiten emoción.

II

Ya pasaron casi dos meses de la entrevista y desde hace un tiempo tengo la necesidad de escribir sobre el ranchito en la cocina, comencé hace un mes, lo dejé y ayer lo retomé. Y cuando pensaba que había terminado el texto, decidí abrir mi correo de riseup, que he mantenido en pausa durante los últimos años para buscar algo para el final.

Estaba lleno de basura, así que me puse a limpiarlo, eliminaba decenas de mensajes generados automáticamente y cuando llevaba varios cientos descartados, llegué a la época de vida, cuando los itercambios entre personas eran constantes.

La nostalgia invadió todo mi cuerpo, me apretaba el estómago, pero seguía leyendo con fascinación los llamados, acusaciones, avisos, aclaraciones, notificaciones, descalificaciones, invitaciones. Como el orden de lectura mostraba primero los más recientes, entre los mensajes que inicialmente leí se encontraban los del conflicto, pero incluso en esa época, en el rancho no paraban las otras comparticiones.

Dias antes de la limpieza del correo, leí un texto sobre la crisis de los centros sociales en España (espacios muy similares al rancho), en el que describían su esplandor pasado, su crisis actual y señalaban sus principales problemáticas con ánimo encontrar estrategias para superarlas. Después de leerlo, rápidamente lo mandé a un par de grupos de Telegram, incluso me atreví a preguntar si alguien le interesaba discutirlo, recibí algunos emojis positivos pero hasta el momento no hemos hecho nada.

Me pregunto si algún día participaré en otro rancho, me pregunto cómo se genera esa magia que permite alinear los intereses de tantas entidades que conforman este tipo de espacios. Intereses, no solo de las personas, sino también de las máquinas, los lugares, los animales, los relatos, las plantas, los objetos…

III

Es fin de semana, el perro-ratón duerme mientras yo escribo en la cocina estas líneas que buscan dejar registro de lo que viví desde aquel momento en el que armamos un ranchito en una cocina. Escribo para no olvidar que se pueden construir mundos alternativos.

Y no me refiero a mundos imaginarios ni de ficción, sino a verdaderos mundos practicados en diferentes lugares y en diferentes momentos, desde la ternura, la reciprocidad, la compartición, la generosidad, la compasión, la autogestión, la libertad. Mundos ensamblados por personas, software libre, relatos, son jarocho, plantas, bicicletas, Internet, gráfica, comida vegana, computadoras, deseos.

En una cocina como la de nadie, en un salón de clases como el de expresiones, en una calle como las del Ejido Viejo, en un auditorio como el richi flowers… yo los he vivido y por eso escribo, para no olvidarlos.

Título: Un ranchito en la cocina.

Año: 2026.

Lugar: Copilco / Pueblo de Santa Úrsula Coapa, Ciudad de México.

El sábado estuve solo

El sábado estuve solo. Esta vez no me visitó el pequeño viento pero me encargaron al perro-ratón que también sentía la ausencia. Lo saqué a pasear, desayuné y salí de casa rumbo a Tlatelolco en busca de quien me escucha. Cuando llegué con ella, le conté todo lo que tenía atorado en el pecho, hablé y hablé hasta que terminó el tiempo y entonces me dirigí al metro auditorio donde saldría la marcha.

El sábado estuve solo. Desde el inicio estábamos rodeados de granaderos blindados, vi a niños en el contingente y recordé al pequeño viento, sentí ganas de llorar pero también sentí y compartí una conmoción enorme, una potente rabia y una desbordada esperanza de que el genocidio termine en Gaza.

El sábado estuve solo. Caminé, tomé fotos y grité, y gritamos hasta que llegamos a la embajada, allí nos esperaban más granaderos y ballas metálicas. Escuchamos, gritamos, nos conmovimos y nunca dejamos de hondear las banderas palestinas, hasta que los granaderos nos echaron del lugar. Regresamos juntas al metro, con palestina hasta adentro del vagón.

El sábado estuve solo. De regreso le mandé un mensaje a ese chico para verlo por su casa, tomamos un café y charlamos mucho, yo estaba muy cansado pero disfrutaba verlo y escucharlo. Salimos del lugar rumbo a la estación del trole pero antes hicimos una breve pausa donde no intercambiamos palabras. En la parada del trole nos despedimos.

El sábado estuve solo. Ya era muy noche pero aún así decidí bajarme del trole en aquel lugar oscuro y cálido. Entré, pedí una cerveza y escuché una banda, después comencé a bailar. El lugar se fue llenando y me fui moviendo por diferentes espacios, me sentía en libertad. Cuando mi cuerpo no podía más, decidí regresar a casa.

El sábado estuve solo. Pero encontré al perro-ratón que pensaba que lo habían olvidado, era la media noche y salimos a caminar por los callejones del pueblo. Ya estaba exhausto cuando regresamos a casa, a esa hora ya no era sábado y ya no estaba solo.

Título: El sábado estuve solo.

Año: 2025.

Lugar: Pueblo de Santa úrsula Coapa/ Paseo de la Reforma/ El Rosedal, Ciudad de México.

Tres barcos a Gaza

I

Hace ocho meses, el pequeño viento vino a conocer mi estudio/dormitorio. Acababa de llegar la lavadora que acomodé apretada en el baño, la entrada de agua de la máquina la conecté al viejo calentador, que también está en el baño, y la manguera de desagüe la fije junto al lavabo.
Observé que, cuando la lavadora terminaba de enjuagar, el agua sucia salía con cierta presión en el lavabo y generaba un remolino, se me hizo divertido y le propuse al pequeño viento hacer barquitos de papel para jugar con el agua sucia que giraba en el lavabo.

Cuando terminamos de jugar, los tres pequeños barcos estaban mojados, blandos, derrotados, los pusimos en un estante e hicimos otras cosas.
Días después, cuando ya se había ido el pequeño viento, observé los barquitos de papel, ya estaban secos y se veían muy bien, como si no hubieran pasado por aquella tormenta de agua sucia. Por alguna razón no me podía deshacer de ellos, así que los acomodé en la base del calentador y pasaron a ser parte de la decoración del baño.

II

Para llegar a Gaza hay que cruzar el océano. Mucha gente ya lo está haciendo, ayer me enteré de eso y mi corazón comenzó a arder. Pero no puedo dejar la ciudad, y aún así me imaginé subiendo a un barco y ser parte de esa marea de dignidad. Me emocionó mucho la idea, de tantos navíos juntos, intentando tocar tierra… y entonces recordé nuestros barquitos y sentí una enorme conmoción. Era de noche, los quité de su lugar, los saqué del baño, les pinté con plumones franjas de color negro, verde y rojo, estaba cansado y me quedé dormido.

III

Hoy en la mañana me alisté para ir al trabajo, antes vería el pequeño viento para desayunar, sin pensarlo mucho, tomé los barquitos y los guardé en la maleta de la cámara, me fui emocionado a su encuentro. Cuando lo vi, le conté mi idea de mandar nuestros barcos a Gaza, él se puso sus botas de plástico y salimos a buscar un charco, lo encontramos, colocamos los barquitos y los observamos moverse lentamente mientras se humedecían.

El pequeño viento me preguntó si los dejaríamos allí, le respondí que sí y me dijo que sentía tristeza porque le recordaban cuando jugamos en mi estudio, me esforcé por contener las lágrimas y le dije que, entre todos, teníamos que intentar detener el genocidio.

Él estuvo de acuerdo e incluso sugirió echarles una cubetada de agua para que pronto llegarán al desagüe cercano. Le comenté que no era necesario y que maś tarde la lluvia haría su trabajo y nos fuimos a desayunar.

IV

Estoy escribiendo estas líneas de trayecto a la oficina, estoy a punto de llegar y sigo conmovido. Me imagino la larga travesía de los barquitos que llegarán a la coladera, atravesarán la ciudad por el drenaje profundo, llegarán a un río y luego al mar. Estarán casi deshechos, serán irreconocibles cuando toquen tierra, pero cuando salga el sol se secarán, como cuando soportaron el remolino del lavabo.

Tres pequeños barcos de papel no detendrán el genocidio de Israel, pero mil barcos, bicicletas, papalotes, autos, planeadores, lanchas, globos y gente a pie sí podrá detenerlo.

Título: Tres barcos a Gaza.

Año: 2025.

Lugar: Pueblo de Santa Úrsula Coapa/ Colonia Avante, Ciudad de México.

Cuentos hackers de ciudad monstruo

Descripción: Plataforma web para la publicación de relatos de hackers de la Ciudad de México.

Año: 2025

Dirección: https://cuentoshackers.noblogs.org/

«Cuentos hackers de ciudad monstruo» es una plataforma que intento construir con relatos en primera persona de grupos, colectividades, proyectos, espacios y personas que se autodenominan «hackers», y que habitan o han habitado la ciudad monstruo (zona metropolitana del valle de méxico) en cualquier época.

Nace a partir de la investigación doctoral que estoy elaborando en el área de Comunicación y Política de la Universidad Autónoma Metropolinata, unidad Xochimilco. Dicha investigación, que formalmente inició en 2019, en ningún momento ha contado con algún patrocinio u apoyo de instituciones públicas o privadas (osea que sin beca).

Los relatos que aquí se están reuniendo, buscan tejer un cuento mayor sobre las formas de usar, adaptar, convertir, reparar, subvertir… tecnologías analógicas y digitales por parte de personas (disidentes, inadaptadas, insumisas, rebeldes, radicalmente tiernas, anticapitalistas, antiracistas, antipatriarcales, antiespecistas, etc.) que viven, vivieron, visitaron o pasaron por la Ciudad de México y sus periferias.

Si hoy participas o en alguna época de tu vida has participado en alguna experiencia de este tipo, cuéntame esa historia. Puede ser un texto escrito (de cualquier formato y extensión), un audio (de cualquier formato y extensión), un video (de cualquier formato y extensión), una serie de fotos (de cualquier formato y extensión), una página web (de cualquier formato y extensión)… el único requisito es que el relato sea enunciado en primera persona del singular o del plural (yo/nosotros).

Tecnopolítica autodeterminante frente a la expulsión digital en la ciudad

El texto parte de la interrogante sobre ¿cuáles son las consecuencias del uso generalizado de plataformas digitales sobre la experiencia urbana contemporánea? Pregunta que servirá como guía de un análisis generado desde la economía política (de la urbanización y la comunicación), sobre el caso concreto de las plataformas de servicio de transporte individual en la Ciudad de México, en el que se identifica la manera como los conglomerados tecnológicos moldean la sociabilidad urbana y el surgimiento de novedosas formas de expulsión en esta metrópoli.

Posteriormente, seintentará irmásallá deldiagnósticocrítico para indagar si en el actual contexto de expulsiones, ¿es posible generar otras formas de membresía alternativa en las metrópolis contemporáneas? Dicha búsqueda se llevará a cabo en la segunda sección del trabajo, a partir del análisis puntual de un colectivo de hackers denominado “Rancho Electrónico”, que autogestiona un HackerSpace desde el año 2013 en la colonia Obrera de la Ciudad de México.

DESCARGA EL TEXTO EN PDF

Hackmitin 2021

 

Título: Hackmitin 2021.

Año: 2021.

Lugar: Rancho Electrónico, Ciudad de México.

Punks


 
Descripción: Jóvenes punks de la Ciudad de México.

Técnica: Pintura digital.

Año: 2019

Hecho con software libre: Debian, Gimp y Krita.

Protesta feminista


Descripción: Jóvenes feministas se manifiestan en la Ciudad de México.

Técnica: Pintura digital.

Año: 2019

Hecho con software libre: Debian, Gimp y Krita.

Imágenes del centro histórico de la Ciudad de México en la prensa escrita

Desde una perspectiva política, el centro histórico de la Ciudad de México puede conceptualizarse como un territorio producido socialmente por relaciones de apropiación materiales y simbólicas, donde intervienen agentes diferencialmente posicionados, y caracterizarse por su concentración de bienes histórico-patrimoniales.Su valor como patrimonio nacional se sustenta en una noción hegemónica reconocida por la mayoría de los habitantes del país como verdad incuestionable pero producida históricamente por relaciones de dominación ideológica desde instituciones y actores específicos

 

DESCARGA EL TEXTO EN PDF

Masa: homenaje al pueblo solidario


Sinopsis:

Después del sismo del 19 de septiembre de 2017, en la Ciudad de México miles de personas salieron a ayudar a las víctimas.
ESte es un homenaje para ellxs, por su solidaridad y amor por los demás.

Fotografías: Niktehá Cabrera, Miguel Pantaleón y Ehécatl Cabrera.

Texto: «Masa» de Cesar Vallejo.

Música: «Children» de Grégoire Lourme.

Año: 2017.